La parroquia de Santiago de la Puebla del Deán celebra a Jesús, el Nazareno

Muchos son los santuarios a los que acude una gran multitud de personas devotas de la Virgen María o de Jesús. En esta ocasión, como todo los terceros domingos de septiembre, la parroquia de Santiago de la Puebla del Deán celebra el día del Nazareno.

Se celebran Misas a las 8:00 hs, 9:00 hs, 10:00 hs, 11.15 hs, 12.15 hs y la Solemne a las 13.15 hs. Por la tarde a las 17:00 hs, 18:00 hs, 19:00 hs y la última a las 20:00 hs

El lunes 21 hay una Misa a las 19:00 hs a intención de los devotos y a las 20.30 hs una Misa solemne por los hermanos difuntos devotos del Nazareno.

Origen de la Procesión de las Mortajas

El tercer domingo de septiembre, en la parroquia de O Deán, tiene lugar la fiesta del Divino Nazareno, en la que sale la popular ‘Procesión de las mortajas’. En esta manifestación, que tiene su origen en la Edad Media, el ofrecido que ha sido salvado de la muerte por algún milagro, desfila en procesión con su ataúd que es llevado por sus familiares.

Caminan detrás de lo que debía ser su propio féretro, el cual llevan sus familiares vistiendo un hábito morado y portando un gran cirio. Se forma un largo cortejo que acompaña a Jesús el Nazareno, en medio de velas y ataúdes. Como decía Cunqueiro, es una fiesta en la que ‘los muertos comen con los vivos’.

El origen de la Procesión de las Mortajas se remonta al S XV, cuando la comarca estaba asediada por unos vándalos que utilizaban la sierra para esconderse. Tras coger a cuatro de los componentes del grupo de bandidos, en vísperas de la fiesta en honor del Nazareno, el alcalde mayor de la villa de Deán los condenó a muerte. Don Juan Linares, que así se llamaba el regidor, comenzó a encontrarse muy enfermo y, escuchando el repique de campanas en A Pobra do Caramiñal desde su lecho, rogó a Jesús por la salvación de su alma.

Era el tercer sábado de septiembre y Juan Linares hizo que sus criados llamaran a un carpintero para que le hiciese con urgencia un féretro a su medida. Al día siguiente, durante la procesión, el alcalde, vestido con sus mejores galas, acompañó la imagen de Jesús siguiendo a su propio ataúd, que cargaban los cuatro reos. Finalmente, al llegar al atrio de la iglesia, el alcalde perdonó la vida a los reos, no sin antes increparles por sus fechorías.

Ese parece ser el origen de este singular ritual.

El ser humano, especialmente encontrándose al borde de la muerte, necesita exteriorizar su angustia y, por otra parte, expresar su agradecimiento.

Fuente: Áncora (publicación de los Arciprestazgos de Postmarcos)

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