José Carlos Alonso: «Ser un cachondo mental no es incompatible con ser cura»

El párroco de Liáns, Santa Cruz, Dorneda, San Paio y Nós, fue ordenado en 1992.

En la pantalla de su Iphone 6 Plus me muestra una foto de cuando solo pesaba 78 kilos. «Llevo toda la vida a régimen con escaso éxito. El otro día fui a comer con un grupo de curas y oí que alguien decía: «Fíjate, no hay uno delgado», apunta sonriente este hombre que considera que en 1992 se produjeron tres grandes acontecimientos, «la Expo, los Juegos, y mi ordenación sacerdotal», comenta José Carlos Alonso Seoane, párroco de Santa Cruz, Liáns, Dorneda, San Paio (Montrove) y Nós, colaborador de Radio Voz, la Cope, «y de V Televisión cuando me llaman». «Soy miembro de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, intrínsecamente unida al Opus Dei», afirma. «Cuando digo que soy del Opus Dei noto que me miran con recelo, pero después las barreras desaparecen», añade. En el Apple Watch de su muñeca izquierda parpadea la cifra de 99 pulsaciones. «En un rato me bajan. Hay compañeros que ven el móvil y la tecnología como un juguete y en realidad es una forma de comunicación útil para nosotros», reflexiona este coruñés de los Mallos de 51 años. «De espíritu me siento como cuando salí del seminario, de cuerpo la cosa está más chunga».

Vocación en un semáforo

De familia marinera, estudió en la Laboral y en Zalaeta. «Lo que menos pensaban mis amigos, y yo mismo, es que iba a acabar siendo cura». Empezó Psicología y, por aquel entonces, tenía novia. «Como la dejé por Dios y no por otra no fue traumático», aclara José Carlos, que dentro de unos meses celebrará las bodas de plata sacerdotales. «Descubrí la vocación en el semáforo que está delante de la iglesia de Santa Lucía. Salí de una misa en la que el cura había hablado de las vocaciones y se me pasó por la cabeza. Fue una ráfaga. Más adelante me encontré con Julio Pérez, que ahora es misionero en Ecuador, y él vio en mí madera de sacerdote». Tras 6 años en el seminario predicó en Cangas, Santa Comba y A Pobra. «Hemos convertido las parroquias en un dispensario de sacramentos y tenemos que volver a evangelizar», reflexiona, consciente de que estamos en unos tiempos bastante anticlericales. «Yo lo veo como una oportunidad para hablar de Dios. Estoy de acuerdo que el estado sea aconfesional, pero no laico», sentencia José Carlos, que lleva 23 años dando clases de religión, en el Eduardo Blanco Amor y en el nuevo IES Rego de Trabe.

La cara b

Desayuna, come y cena con sus feligreses. Me cuenta, con pena, que perdió a su madre y después, en año y medio, a su hermano y a su padre. «Me tiene marcado, pero lo compenso con la gente de las parroquias con las que cree vínculos que son de familia auténtica». Charlamos en su despacho del templo de Santa Cruz. A la entrada hay decenas de personas esperando. Los miércoles por la tarde es el reparto de alimentos de Cáritas. Mientras por la avenida principal de esta localidad circulan cantidad de coches que van o vienen de las playas, aquí está la cara b del verano, incluso en el municipio gallego donde se paga más a Hacienda. «Se dice que estas parroquias son de gente adinerada, pero la iglesia vive de las promesas de los ricos y el dinero de los pobres».

Partida de tute

No bebe alcohol, no fuma «y no tengo sobrina. Tengo dos sobrinos», aclara sonriente. «La gente, a veces, confunde el humor con la frivolidad. Se cazan más moscas con miel que con hiel. Y, como dice el Papa Francisco, no se puede predicar con cara vinagre. Me di cuenta de que ser un cachondo mental no era incompatible con ser cura», analiza José Carlos, que no perdona la partida de tute después de comer. «Y estoy enganchado al juego de apalabrados del móvil», confiesa.

Fuente: Pablo Portabales | Foto: Paco Rodríguez | La Voz de Galicia

 

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